Mi abuelo tiene cancer.
Mi abuelo, enfermo desde hace un par de semanas, gusta de las rancheras, de las manualidades, de la comida en abundancia, de los chistes, de los juegos de azar, del trabajo. El Abel fue el primero en pasearme en moto cuando chiquita, bien afirmada, con casco y él orgulloso paseando a su nieta habilosa.
Salíamos a comprar la mercadería para su almacén en La Pirilacha, su Subarú celeste con el que recorría la ciudad buscando las mejores frutas, los huevos y los caramelos, que yo comía uno tras otro hasta el dolor de guata, antes de llegar a la casa para que no me pillara mi abuela. Al abuelo le gustaba que yo cantara rancheras mientras atendíamos el almacén y me grababa en su radio-cassette. Me enseñó a dar vuelto, a llenar bolsas de azucar y arroz, a sellar con vela, limpiar el oregano, manejar la maquinita del aceite con que se llenaba la botella de la vecina,...etc. Comíamos rico, tomábamos mucha bebida y me escuchaba. Viví con mis abuelos unos meses porque mi abuelo me invitó cuando tuve algunos problemas y, obviamente me porté mal, como una adolescente que no entiende mucho que no hay que generarles dolores de cabeza a las personas que te quieren. Y crecí, y me alejé y lo comencé a ver una vez cada varios meses. Mi abuelo no tuvo hijos, se encontró con mi abuela luego que ella quedó viuda y los hijos de mi abuela eran todos adultos. No crió niños, pero crió gatos. Mi abuelo no tiene lazos sanguíneos conmigo.
Mi abuelo tiene cancer.
Lo quiero mucho.