viernes, 31 de octubre de 2008

1 DE NOVIEMBRE (This is true)

Durante mi infancia y hasta los 18 años el 1 de noviembre era una fecha especial. Un mes antes mi mamá llegaba con muchos pliegos de papel crepé de variados colores y la casa se llenaba de alambres, cola fría, tijeras y sunchos para confeccionar flores de papel y con ellas las coronas. Luego de su llegada del trabajo, en la noche, nos poníamos a recortar, arrugar, redondear y armar las flores que luego serían las ofrendas que llevaríamos a nuestros muertos. Las flores más prolijas eran las rosas rojas que formaban un corazón que año a año armábamos para mi hermana gemela muerta dos meses después de nacer.
Ya para el 31 de octubre todas las coronas de luminosos colores estaban terminadas. El día 1 salía toda la familia cargada de las flores sueltas y coronas a tomar el tren rumbo al cementerio de Coya Sur, la oficina salitrera más cercana (María Elena no tiene cementerio propio). El tren se llenaba de pampinos con tarros, trapos y diversos materiales para limpiar los nichos, además de las bebidas y alimentos para enfrentar la jornada. El tren iba repleto de familiares, vecinos y amigos los que a la llegada al cementerio se desperdigaban en búsqueda del nicho de la persona que ocupaba el primer lugar en la lista de los muertos más sentidos. Durante la mañana el ambiente se llenaba de niños corriendo con tarros con agua, de historiasde las sepulturas por donde se transitaba, las que por lo demás podían ser verificadas con cualquier asistente. Las niñas que se mataron por un pacto, el obrero que murió aplastado por un carro, los suicidios, las trágicas muertes de niños que tendrían 40 años si no fuera por el mal de ojo, la novia que se ahorcó con el traje blanco puesto, el amigo, la tía, todos los que ya no tenemos a nuestro lado, pero que por un día vuelven a la vida a través de los recuerdos. Quienes tenían familiares en el cementerio de Vergara contaban que algunas tumbas estaban abiertas y se podía observar al fallecido a través de las aberturas del cajón, cosa que pude comprobar a los 16 años cuando la curiosidad me llevó a aquel cementerio junto a 3 amigos en una fecha cualquiera, cuando el cementerio rodeado de la pampa está completamente solo, ajeno de vida y todo cruje producto del viento y el sol. Era la manera más tenebrosa de visitar aquel lugar, de escuchar los relatos de mis amigos, de observar las sepulturas semiabiertas. Cuando caminamos a hacer dedo para volver a María Elena no pude dejar de voltear constantemente hacia el cementerio del que nos alejábamos...No sé que esperaba ver...si me seguían, si alguien me hacía señas agradeciendo mi visita, si alguien me miraba con pena porque ya no podía salir de ahí.

No hay comentarios: