Una noche, caminando, pasé por un lugar en donde se ofrecían mascotas. Al mirar el mostrador me sentí atraida por un pez. Al verlo solo, en ese espacio reducido, creí que lo mejor era adoptarlo de mascota. Lo llevé a la casa, sentía que había algo especial entre él y yo. Pronto le compré un acuario mucho más grande, tanto así que podía yo sumergirme junto a él. Era grandioso saber que podía sentirme conectada con aquel pez cuyas características no eran precisamente "adorables"; tenía una mirada paralizante y una sonrisa irónica. Tuve la costumbre de nadar con aquel pez, hasta que un día me mordió fuertemente por la espalda, a la altura de las costillas del lado derecho...me salí del agua asustada, al tocarme la espalda noté que me sangraba y en la cara del pez observé que como nunca se veía muy feliz. Primero opté por no entrar más a la pecera, y sólo introducía las manos; el pez se acercaba dulcemente y mordía los dedos con gran felicidad. Sin darme cuenta recuperé el hábito de entrar a la pecera, el agua cada vez me parecía más turbia y el pez cada vez mas hambriento. Pronto comencé a sentir dolores que no
identificaba bien, sólo eran dolores. Eso hasta ayer. Ayer, Al intentar salir del agua sentí que la piel me ardía, me miré con detención y observé que sangraba por diferentes partes y mi piel estaba hecha colgajos. De pronto vi al pez y lo ví magnífico, rebosante increíblemente saludable y feliz. Mientras lo observaba, él me observaba a mi con una mirada burlesca, pleno de satisfacción. Fue en aquel momento en que me enseñó su boca y el montón de filudos dientes que habían en ella. Inesperadamente el maldito pez piraña saltó a mi garganta y yo lo sacudía, le abría su mandíbula y de pronto me vi golpeándolo fuertemente y él con una risa burlona en todo momento; corrí con él al baño, yo ensangrentada, con trozo de piel menos, temblando por el arrebato de violencia lo arrojé con fuerza al inodoro, lo tapé y tiré la cadena. Agitada aún por el episodio, revisé si se había ido y aún siento un poco el temor que de alguna forma u otra regrese...pero ahora ya estoy preparada
identificaba bien, sólo eran dolores. Eso hasta ayer. Ayer, Al intentar salir del agua sentí que la piel me ardía, me miré con detención y observé que sangraba por diferentes partes y mi piel estaba hecha colgajos. De pronto vi al pez y lo ví magnífico, rebosante increíblemente saludable y feliz. Mientras lo observaba, él me observaba a mi con una mirada burlesca, pleno de satisfacción. Fue en aquel momento en que me enseñó su boca y el montón de filudos dientes que habían en ella. Inesperadamente el maldito pez piraña saltó a mi garganta y yo lo sacudía, le abría su mandíbula y de pronto me vi golpeándolo fuertemente y él con una risa burlona en todo momento; corrí con él al baño, yo ensangrentada, con trozo de piel menos, temblando por el arrebato de violencia lo arrojé con fuerza al inodoro, lo tapé y tiré la cadena. Agitada aún por el episodio, revisé si se había ido y aún siento un poco el temor que de alguna forma u otra regrese...pero ahora ya estoy preparada
5 comentarios:
Nunca he confiado en ningún elemento del mar. Ni en las sirenas!
Que te puedo decir!, antes de llevar una mascota a la casa, hay que asegurarse de no ser su alimento!
Oye, pero ¿realmente te mordió una piraña? Es que mientras leía me imaginaba que todo era una metáfora sobre algún episodio de tu vida más terrestre. Bueno, si se trata de una historia literal, pucha que fome lo que te pasó; y sí, hay que tener cuidado con las mascotas.
Es entretenido tu blog, pasé un buen rato leyéndolo.
Saludos!
Ja, ja, ja, es s�lo un cuento que se me ocurri� gracias MAnuel por tu visita, espero para la pr�xima recibirte con un texto menos aterrador
Publicar un comentario