domingo, 29 de junio de 2008

Reencuentro

Un día de abril de 1995 recibí la noticia que a mi mamá la habían despedido de su trabajo en María Elena. No era algo inesperado, a mi papá ya lo habían despedido casi 4 años antes, a mis 15 años, como a buena parte de los papás de mis amigos. Quienes tenían algún familiar trabajando para la empresa (SQM) podían mantenerse viviendo allí, los que no, tenían que irse, situación que era bastante chocante, porque para la mayoría de las personas la pampa era su lugar natal, su tierra, el lugar donde sabían y querían vivir, y de pronto se veían obligados a abandonarla y a adaptarse a una vida demasiado distinta que ofrece la ciudad. En el tiempo en que seguí viviendo en María Elena, hasta salir de Cuarto Medio, yo y los amigos que continuaban viviendo allí desdramatizabamos la situación y bromeabamos acerca de la situación de nuestros padres cesantes, con carcajadas despejábamos de nuestras mentes un tema que se nos hacía patente día a día cuando observábamos un camión afuera de la casa de alguien, o cuando íbamos a Pedro de Valdivia y nos encontrábamos con las casas vacías que poco a poco eran corridas completas. Yo estaba en Viña cuando mi mamá me avisó del despido y no puedo explicar bien el sentimiento que me envolvió. Ahora sólo recuerdo que fue un viernes. Alguna vez un amigo pampino me había dejado marcado en la mente el consejo de que cuando yo quisiera embriagarme hasta las patas tenía que tener la cordura de prever que estaba con personas que podrían cuidar de mi y procurar estar en un lugar seguro. De acuerdo con eso, tuve ese segundo de cordura e inusualmente aquel viernes me junté con personas que no acostumbraban a salir ni a beber en exceso. El asunto es que me emborraché como nunca, cada botella que me ofrecían la bebía, fuimos a una fiesta en la Casa Central de la UCV y era imposible disimular mi borrachera. Seguramente le cagué la salida a quienes estaban conmigo porque no controlaba mis actos. Después, en la casa a la que me llevaron me bajó una horrible pena y lloraba por mis amigos de María Elena; sentía que algo que agonizaba se había muerto. Ese momento marcó mi vida en un antes y un después. Ya en las vacaciones de invierno, no fui a mi casa a María Elena, tuve que seguir hasta Arica.
Al volver a Viña a continuar mis estudios cada vez me sentía mas extraña, ajena al lugar. Sentía que todos tenían cosas en común excepto yo. Llegó el momento en que no resistí más y me volví al norte con una pena atroz, porque Viña era magnífico, pero algo me decía que yo debía irme. Claro que mi vivencia en el norte hasta hoy fue completamente diferente. Perdí contacto con la mayoría de mis amigos. Mi vida se redujo a terminar estudios, a la vida en pareja, a la maternidad. Tanto tiempo en eso, parecía que mi vida había comenzado desde allí, lo anterior parecía todo ilusión. Hasta ahora.
Hace un mes atrás pensaba que esto de reencontrarse con gente vía facebook podía ser un poco latero, mucha nostalgia no me daba buena espina. Pero poco a poco me empecé a encontrar con personas demasiado queridas, amigos y amigas con las que el tema no se agotaba. Me di cuenta de que quienes vivimos en las salitreras tenemos un lazo muy diferente. Nos conocemos demasiado entre nosotros y a nuestras familias, los enredos amorosos continúan hasta hoy, ya que muchos se unieron con el primo de la amiga, del vecino, del compadre, etc; y muchas penas también son comunes. Hay una sinceridad inevitable. No puedo negar mi pertenencia a una historia común. A pesar de la dispersión física en la que estamos todos, hemos podido reconciliarnos con la pena de saber que no tenemos posesión sobre ni una pisca de tierra de nuestro lugar de infancia, pero que innegablemente somos parte de esa historia tan potente de pampa, salitre y sol.

9 comentarios:

Penelope Glamour dijo...

Cada uno tiene diferentes formas de buscar su identidad. Qué emocionante que después de tanto tiempo hayas encontrado uno de los pilares que la conforman. Y - adicionalmente - hayas descubierto alguna utilidad real para FB.
Un beso

PIMIENTA dijo...

Escribiendo esto me recordé de tu quebradura de empeine...

Penelope Glamour dijo...

Loca, no fue el empeine, sino el 5º metatarso, alias el meñique y esa zona.

Y por q intrincada razón esto te hizo recordar mi fractura?

PIMIENTA dijo...

Por la suma entre beber en exceso y el opuesto a estar en un lugar seguro

Penelope Glamour dijo...

Ahhhhhh, pero el problema no fue beber en exceso. Sicotrópicos de más o de menos, no vamos a entrar en detalles a estas alturas de la life.

PIMIENTA dijo...

Pero los acompañantes no estaban como para hacer de paramédicos, más parecían los tres chiflados

Penelope Glamour dijo...

JAJAJAJAJA
si me fijara en eso, no sé - hasta el día de hoy - con quién podría salir de la casa.

Pero en concreto, no fue copete y no fue de ninguna manera un lugar protegido.

PIMIENTA dijo...

Uuu, por mi parte creo que tengo principio de paranoia gatillada por la Maya...mira que tengo que llegar entera y digna a la casa, aunque cuando puedo confiar doy más rienda suelta.

Aspacia de Mileto dijo...

Me emocioné.No se por qué. Talvez no sea comparable pero me imaginé el desarraigo que sentí cuando se murió mi mami.

Me sentí expulsada de todo lo que había sido la base de mi vida hasta ese momento: el suelo bajo mis pies desapareció y comenzó un bajón en caída libre que hizo que cambiara la perspectiva de muchas cosas. Gracias a Dios estuvieron mis amigos de la infancia apoyandome, como han estado en todos los momentos importantes de mi vida. Que bueno que recobres esa parte Samy